Este entramado de palabras que componen esta narrativa surge ante la necesidad de habitar/nos mundos posibles y vivibles desde nuestras propias lenguas. Una necesidad re-creada (en esta edición) frente a esa ansiedad hiriente patriarcal/colonial/heteronormativa/pomela que históricamente nos ubica en lugares subalternos. Hambrienta, fetichiza estos cuerpos y estas memorias en contextos esclavistas-desechantes y se agita “con amor” exotizando hipótesis vagas, confirmando – quizás- tolerancia o políticas integracionistas.

Un pequeño chasquido que intenta entrelazar existencias racializadas. Allí en el silencio hay memoria, allí ser visible es insurrección, allí un comedor es una rebelión, allí la tierra es dignidad, allí está prohibido llorar, allí corre la gorra, allí la tragedia se organiza, allí desbordan bolivianas, paraguayas, peruanas, parecidas o todas ellas con otras que recorren supervivencia con las indígenas, villeras, conurbanas o migrantes, llamadas extranjeras. Allí donde duele el alma, el racismo mata.

Esperando que estos relatos fervientes desde la“llajta –migrante” produzcan, más que emergencias, respiros eternos y políticos de habitar la libertad de decidir; si queremos, con quién/es queremos y cómo queremos erotizar-nos y también coger-nos.
Aquí hilvanaremos la marronidad propia invitando a que el goce desborde los cánones del privilegio y sea derecho de nuestras lenguas.

“somos una realidad porque estuvimos y existimos”